Ejercicios sexuales que te ayudarán

Los ejercicios siguientes nos introducen en el arte del tacto erótico a la vez que restituyen a éste su adecuada categoría dentro de nuestra vida sensual y emocional. Muchos de nosotros nos hemos visto privados en la infancia del bienestar que produce sentirse acariciado, estrechado, abrazado.

Puesto que el abrazo se suele considerar más como un preludio del acto amoroso que como un acto de ternura en sí mismo, existe la tendencia -sobre todo en las mujeres- a entablar una relación sexual cuando en realidad lo que se desea es ser abrazado y acariciado.

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Al hacer el amor, a menudo la gente no expresa todos sus deseos, sobre todo por lo que se refiere a las partes del cuerpo que desea que le acaricien, por ello es importante aprovechar la conversación en este ejercicio como oportunidad para explicar al amante lo que a uno le gusta.

Una vez preparado con los rituales previos, sentiremos la emoción. De encontrarnos con nuestra pareja. Reservaremos unos noventa minutos, más o menos, para las caricias con las yemas de los dedos, deslizamiento y resbalamiento, que se suceden uno al otro de una forma natural. También es posible que deseemos practicarlo durante un período de tiempo más largo.

Nos hará falta, asimismo, un buen aceite de oliva o, si se prefiere, otro tipo aceite de masaje espeso.
Pondremos música suave, sensual. decidiremos de antemano quién será el activo y quién el receptivo. El A será el activo y el B el receptivo. El activo deberá ir vestido con ropa ligera, el receptivo, desnudo. Procuraremos que la habitación esté suficientemente acondicionada.

Todo el cuerpo puede ser erógeno, y ello es especialmente cierto por lo que se refiere a las yemas de los dedos. En acupuntura, los meridianos que transmiten energía en todo el cuerpo acaban en las yemas de los dedos, por ello son capaces de difundir energía de otras partes del cuerpo de forma precisa.


El partenaire A se frota enérgicamente las palmas de las manos para crear calor y energía. Con la yema del dedo, a modo de pluma, rozará suavemente todo el cuerpo de B. El roce será muy sutil, prácticamente sin tocar la piel.

Si le apetece, dibujará pequeños círculos y trazos en la superficie de la piel. Esto puede generar una energía palpable que el receptor notará como una efervescencia en la piel. Si el partenaire B no siente nada, el otro intentará unas caricias más largas y profundas, seguidas por otras suaves y, finalmente, volverá al roce con la yema del dedo.

La yema del dedo danzará al ritmo de la respuesta del amante y, poco a poco, el cuerpo del partenaire B irá adquiriendo fulgor con el hormigueo de la excitación. Tocaremos todas las partes eróticas del cuerpo, las corrientes y las inusuales: detrás de las orejas, los párpados, encima y debajo de los ojos, los labios, el interior de los codos, las muñecas, las palmas de las manos, alrededor y encima de los pezones, el ombligo, la zona púbica, el interior de los muslos, detrás de las rodillas, la parte interior de los tobillos, debajo de los pies, y otras partes especiales que iremos descubriendo poco a poco.

Cuando hayamos colmado el cuerpo de caricias, nos situaremos de pie sobre el amante, con una pierna a cada lado de la cintura, mirándole a la cara; nos inclinaremos hacia abajo y con ambas manos le frotaremos vigorosamente el cuerpo partiendo del ombligo, hacia el pecho, los hombros y brazos, con un movimiento uniforme y fluido, inspirando y espirando al hacerlo.

Repetiremos el movimiento tres o cuatro veces a fin de interconectar todas las zonas de la parte superior del cuerpo. Daremos un par de pasos hacia atrás. Nos situaremos con las piernas abiertas a la altura de las piernas del amante y realizaremos los mismos movimientos de frotación, empezando por el ombligo y descendiendo hacia la pelvis, los muslos, piernas y pies.

Dejaremos descansar unos minutos a B y luego acabaremos el ejercicio con un abrazo de fusión. Nos sentaremos frente a frente. El partenaire B explicará al A en qué momentos ha disfrutado más de sus caricias con las yemas de los dedos. Al finalizar la conversación cambiaremos los papeles.

En las caricias con las yemas de los dedos, el partenaire activo debe estar alerta para no perderse en el otro, olvidando sus propias sensaciones corporales, ya que esto le cansaría. Al acariciar, no hay que olvidar la respiración profunda y mantenerse en una postura cómoda para no agotar la energía.

Espero lo disfrutes y compartas con la persona que se merece estos ejercicios que de seguro la estás amando

El hombre entrará en el entorno primero, concentrado llevará dentro, su gracia interior. Pondrá música acogedora y se sentará en postura de contemplación reposada esperando a la amante.

La mujer se centrará en lo que lleva dentro, su gracia interior, y entrará en el entorno cuando oiga la música que el amante ha puesto.
Nos miraremos el uno al otro con renovado aprecio. Ha llegado el momento de olvidar los recelos mutuos, desechar las preocupaciones pasadas y futuras, y afirmar una tregua absoluta en homenaje a nuestros cuerpos.

Es preciso recordar tres claves -respiración profunda, movimiento y expresión- a lo largo de todo un ejercicio. Comenzaremos con una salutación sincera seguida de un abrazo de fusión.

El partenaire A ayuda a tumbarse al B con gran delicadeza. El partenaire B cierra los ojos. El partenaire A comienza a acariciar lentamente cada parte del cuerpo de B; empezará alrededor de los hombros y cuello y descenderá suavemente, de forma sensual, a lo largo del cuerpo, para finalizar con la cabeza.

El partenaire A no debe olvidar la respiración profunda al acariciar y rozarle, transmitiendo de forma consciente la energía de su corazón -los cuidados, el aprecio, el amor-para que fluya a través del brazo hasta el tacto. Las caricias deben rozar solamente la superficie de la piel del partenaire B. Cuanto más sutil sea el roce, mayor será la carga de energía, la emoción.

El partenaire B expresa sus sensaciones por medio de suspiros y sonidos que reflejan lo que su cuerpo está viviendo. Mueve lenta y sensualmente el cuerpo, apreciando la caricia, girándose de forma que le llegue a todas las partes del cuerpo.

Al terminar, cambiaremos los papeles. El juego puede convertirse en una delicia que produce escalofríos en la piel y en el espíritu. Este roce por todo el cuerpo produce, inevitablemente, la sonrisa y la risa de ambos. Puede acentuarse el efecto lúdico rozando zonas inesperadas y muy sensibles -los lóbulos de las orejas, la parte interior de los codos, las muñecas, las manos, los tobillos, la parte interior de los muslos-, rompiendo la secuencia de forma inesperada.